9/07/09 . 

100 preguntas sobre sexo que nadie se ha atrevido a responder


En realidad, el mérito no está en las 100 preguntas, sino en sus 100 respuestas. Porque, ¿qué mejor ejemplo de un debate sexológico desinhibido y libre que el planteado por personas como las que esto escriben, que demuestran su ignorancia empírica en este extra sin la más mínima vergüenza?

En serio, el nuevo extra de El Jueves está muy guapo, y nos hace mucha ilusión presentarlo aquí porque viene cargado de amiguetes: Mamen Moreu, miserabla de Huesca que ya lucía sus encantos por esta web cuando su nombre hacía entrar nuestro acné en ebullición, y que debutó hace poco en la sección de tiras de la revista (¡entren a su web a felicitarla, gañanes!), responde a una cuestión que entre nosotros, precisamente, hemos debatido varias veces: cómo les molan los tíos a las tías. Y los miserables de generación alfa, Guille y Edgar, hablarán de técnicas de cunnilingus y el mito de la eyaculación femenina, por decir sólo dos de los (cuatro) temas que han tratado.

Desde ya, en sus kioscos y en su barbería de toda la vida. ¡Cómprenlo! ¡O vayan a cortarse el pelo! ¡Hippies de mierda!

Por cierto, miren qué gracioso el anuncio del extra en la web del Jueves.

E iba a decir otra cosa, pero mejor la digo en un comment porque es muy tontuna.

24/05/09 . 

De cómo vivir modernamente sin acabar siendo un rematado gilipollas

"Jo si em sentís un moderno també em fotria rabia que moderno s'hagues convertit en sinònim de gilipolles... afortunadament sóc un passat de moda de collons. [...] Tot i això el VIVIR MODERNAMENTE em va semblar molt divertit." - Lector nº13

"Terrific!" - The Guardian

"El saberse cool siempre tiene que ser algo personal. Si ya tienes la satisfacción íntima de levantarte por la mañana y saber que no eres un chichanabo más... ¿para qué pontificar sobre ello?" - Lector nº6

"Dais asco." - Lector nº21

"¿Esto qué coño es? No me toques el culo. No me molas. Déjame en paz. PLAF. Bofetada." - Lectora nº19 a las 4am





Somos un par de jóvenes modernos que están hasta las pelotas. Dos jóvenes modernos que viven preocupados por el mal uso generalizado que, desde la ignorancia, se está otorgando al concepto de modernidad. Dos jóvenes modernos que están preocupados de que otros jóvenes no modernos se contagien del modernismo mal aplicado para ganar algo que dejó de estar de moda hace bastante tiempo... subir un peldaño más de “estatus social”.

Por ello, queremos abriros las puertas de la verdad absoluta, para que aprendáis a vivir modernamente en esta breve, intensa y directa hoja informativa.

VIVIR MODERNAMENTE
no pretende más que manifestar lo que para nosotros implica desarrollarse modernamente. Y ya que estamos, analizar la visión que la gente tiene hoy en día de este concepto. Una visión destructiva y negativa, la cual no compartimos. Nos consideramos modernistas militantes, y creemos en la lucha activa para acabar con los falsos modernos.

Si eres joven, si no lo eres pero consideras que lo eres, si quieres ser moderno, si quieres dejar de ser un gilipollas... mejor que estés bien atento a nuestro boletín de información moderna del siglo XXI.

Lo podéis recibir en mano si os lo da alguien que vista de forma elegante y huela bien o recogerlo en establecimientos de Barcelona como:

- THE WATERGATE BOOKSHOP (Pl. Vicent Martorell 2, Barcelona)
- Mond Bar
- La Central
- Bar Betty Ford
- Bar Heliogàbal
- Bar Las Guindas
- La [2]
- Bar Manchester
- The Boiler Rhythm & Soul Club
- Fantástico Club
- Our Favourite Club
y muchos más... ¡atentos!

Más información a modernamente@gmail.com.

19/05/09 . 

Alberto Hernández en "La escuela moderna"

En el último número de LA ESCUELA MODERNA (en el número 5 para ser preciso) salen unos dibujitos míos ilustrando un artículo de Uri Amat sobre los peores (o mejores) trabajos de mierda de los que tiene conocimiento por haberlos sufrido.


Curiosidad 1. Yo en su día tuve un trabajo de mierda de los citados en ese fanzine, pero de controlador de párquing en uno de Núñez i Navarro.

Curiosidad 2. Actualmente estoy embarcado en un gran trabajo de mierda.

24/04/09 . 

Un Miserable en el Camp Nou (Star Guest... ¡Antonio Banderas!)

Hola, soy Edgar Cantero. Tal vez me recuerden de otras entradas como «Los Miserables en una audiencia papal» o «Los Miserables visitan el Congreso: el golpe de estado más corto del mundo». La diferencia entre esas historias y la de hoy es que esta ocurrió de verdat.

Empiezo con flashback: abril de 2008. Como efecto colateral de una intrincada conspiración entre editores y patriarcas culturales, un pringao que escribe sobre Winona Ryder recibe el premio Crexells y se encuentra, sin comerlo ni beberlo, surfeando sobre la cresta de una de las muchas olas que por Sant Jordi erizan el océano literario catalán. Su vida se torna una espiral de actos oficiales, fotos, firmas, almuerzos exclusivos, terrazas, fiestas, celebridades, glamour, drogas y decadencia. Todo ello concentrado en un día, eso sí.

Abril de 2009: Como ni tengo libro nuevo ni soy fotogénico, me hago a la idea de que este año "faltaré" por Sant Jordi. Pero alguien se ha acordado de mí. En marzo recibí una invitación de la Institució de les Lletres Catalanes a participar en una campaña organizada junto a la Fundació FC Barcelona: cada año por Sant Jordi cogen a once escritores, los llevan al Camp Nou y los presentan en un folleto que se distribuye a la entrada del estadio. Me pagan en metálico por escribir mi biografía en el folleto, y de regalo veo en directo el Barça-Sevilla. Agarrado al teléfono, incapaz de encontrarle la pega a tan suculenta oferta, incapaz de cerrar la boca siquiera, pienso: está pasando otra vez...

El 22 de Abril, a las 21:00 horas, llego al Camp Nou.



Soy el último en unirme a la "selección" de autores, porque nadie me conocía. Salvo uno llamado Pau, que es amigo de un conocido y me identifica por la nuca (me he cortado el mechón de delante). No sé quiénes son los otros nueve, aunque les comparo con las fotos y las biografías del panfleto amarillo que nos han dado y ya se está repartiendo ante las puertas. También compruebo el nombre de Pau, que no recordaba. Poco después, franqueamos la entrada al recinto, y este territorio virgen para mí acapara toda mi atención.

Por fuera, el Camp Nou nunca me ha dicho nada. Por debajo, tampoco. Me recuerda a un muticine enorme: todo es feo y huele a palomitas. La cosa cambia al entrar en la sala común de la zona VIP, piso superior. Barandillas de aluminio y placas de mármol por doquier, con los nombres de los presidentes inscritos a cincel. Pantallas de televisión. Bar y cátering. Lo que más me llama la atención son las centinelas. Igual se las llama azafatas; más probablemente su cargo tiene algún nombre en inglés que ignoro y la palabra 'azafata' las ofende, pero 'centinelas' me parece apropiado. Todas visten de oscuro; misma estatura, misma cintura, mismas piernas. Su función me sobrepasa. Si te acercas un poco, te miran y sonríen. Mientras no te alejes de su campo de acción, siguen sonriéndote. Si te alejas lo bastante, se desactivan. Dos de ellas flanqueaban la salida al palco presidencial. Estoy convencido de que una de ellas decía siempre la verdad, y la otra siempre mentía, como los guardianes en Dentro del laberinto. Salí al palco, y —ahora sí, sin matices— quedé MUY impresionado. Es realmente espectacular.

Os lo juro: emerger de la sala VIP a esto es una sensación acojonante que no capta esta foto. Y las que tomé con el móvil, ni te cuento.


Al volver a la sala común, me doy cuenta de que se reúnen allí muchas más personas de las que cabrán en el palco. Quizá sean invitados, como yo, o muertos de hambre, como yo también. En el segundo caso, ahora podrán desquitarse. Yo hace tiempo que voy coca-cola en mano y comiendo coca de recapte que preparan a tu gusto con atún, salmón, queso y salsas. Por todas las mesas hay fuentes con algo que parecen pétalos deshidratados o snacks comestibles. Tras ponderarlo largamente, un escritor se atreve a meterse uno en la boca y exclama: "¡Ah, sí, se come!" Pero claro, es un caso evidente de traje nuevo del emperador: ahora que te lo has metido en la boca, no vas a reconocer que es porexpán y has hecho el primo. Así que dejo a los literatos masticando ruidosamente la decoración y me voy a por mi tercera ración de coca. (De recapte, se entiende.)

Me suena la cara de mucha gente, pero no les identifico; desventajas —una, al menos, y muy excusable— de no tener tele. Me llaman la atención una mujer escandinava muy guapa y un joven gay que acompaña a un señor muy mayor al que todos saludan. Pregunto a una centinela por un señor con gafas y un pin cuatribarrado en la solapa, y me confirman que es Ernest Benach. Me distraigo con todo esto y llego tarde a la foto del presidente con los escritores, que tendrá lugar en el piso de arriba.

Encima de la sala VIP hay una sala überVIP. La de abajo era elegante, noble, pero impersonal y fría; la de arriba es cálida, de luz dorada y más tenue. Aquí, entre sillones de piel y vitrinas, se reúnen los que sí llenarán el palco presidencial, la crême de la crême. No tengo tiempo de fijarme en sus caras, porque llego justo a tiempo de dar la mano a Jan Laporta y alinearme para las fotos. Hablan Laporta, en tono institucional, procurando decir fútbol y cultura al menos una vez en cada frase, y luego un señor muy calvo. Después me susurran que es el conseller Joan Manuel Tresserras. Tengo que buscarme una tele. Laporta nos abandona pronto, pidiéndonos que disfrutemos del partido y nos sintamos como en casa. (Solo esa sala era del tamaño de mi casa.)

Aquí arriba hay más comida y es distinta. Apenas tengo tiempo de meterme un bocado de cada en la boca cuando un timbre nos anuncia que empieza el partido. Desfilamos hacia nuestros asientos, que ocupamos con el primer saque.

Dos minutos después: golarro de Iniesta. No es uno de los días tontos del Barça.



Para ser el primer partido que veo en la vida, he tenido suerte. Mi profe, Miquel Gibert, fue invitado por el mismo motivo que yo el año pasado, cuando el Barça apestaba, y no debió de ser lo mismo.

La verdad es que, en directo, el fútbol tiene su épica. El acto del gol en sí me ha parecido anticlimático. En cambio, las virguerías fuera del área me alucinan. Piqué le hizo un regate a un tío que si me lo hacen a mí, me siento en el césped y me echo a llorar. Como ni siquiera conozco muy bien las caras, sigo la retransmisión del partido por RAC1. A poco de empezar les oigo decir que los Estopa están en el palco presidencial, justo detrás de Antonio Banderas. Giro tan rápido la cabeza hacia la tribuna que el crujido vertebral suena incluso por encima del estadio.

Estamos como el año pasado: en realidad, Antonio Banderas me la cuelga entre un poco y un mucho. Sea dicho con cariño, pero es verdad. Ahora bien: desde el momento en que le siento próximo, empiezo a buscar motivos para aumentar la ilusión que me haría conocerle. Y tengo muchos. Insisto en mi parecer, para repulsión de los gafapastas, de que Robert Rodríguez le da mil vueltas a Tarantino, y la trilogía del Mariachi es de lo más honestamente bueno que se ha rodado últimamente. Y además, Banderas y Winona Ryder estuvieron juntos en La casa de los espíritus. De inmediato, me convenzo a mí mismo de que el objetivo de la noche pasa a ser conocer a Banderas. Y de paso convenzo también al tipo de la ILC, que nos lleva de acá para allá como el pastor al rebaño, para que me lo presente:

—¡Pero tú llevas traje! ¡Te será más fácil acercarte! —le insisto.

—No, porque están en la sala de arriba, y no podemos entrar.

—¡Pero el señor Laporta nos ha dicho que nos sintiéramos como en casa!

—¡Ya, pero no por eso yo voy en pelotas por la tribuna!

Es inútil: tendré que apañármelas solo. Llega la media parte, y mi único pensamiento es infiltrarme en la sala überVIP y conocer a Banderas. La nueva selección de canapés me distrae de mi propósito por unos minutos, pero enseguida vuelvo a mis trece. Subo la escalera. No sé si debo volver aquí. En el pasillo de arriba me encuentro con una centinela. Me sonríe. Yo sigo andando, sin decirle nada. Sigue sonriéndome, girando lentamente la cabeza según paso. Es un momento de gran tensión. Supera esto, Hitchcock. Acelero el paso al final del pasillo y entro por la puerta de la luz dorada.

Ahí está, en un pequeño círculo: Banderas a mis nueve, Laporta a mis doce. Me hago un hueco en la esfera, queriendo parecer discreto, pero mi atuendo llama la atención. Laporta me reconoce: "Hombre, un escritor. Hoy, esto está lleno de escritores." Suena un poco como "tendré que hablar con los de fumigación".

Ahora Banderas se está haciendo fotos con una pareja. Dos personas más esperan turno para hablar con él. Esto va a ser difícil. Pero qué demonios: ahora o nunca. Driblo a los otros con una finta que ni Piqué hace un cuarto de hora, y extiendo la mano.

—Hola. Perdona, me presento. (Ovación.) Cantero. Soy escritor.

Nota: jamás, jamás antes me he presentado diciendo "soy escritor". Pero qué queréis que os diga: no me ha parecido conveniente empezar diciendo "soy un pedazo de mierda honesto".

Me saco del bolsillo el folleto del ILC, en el que figuramos los autores invitados y nuestros respectivos bodrios.

—Mira, te quería pedir consejo, verás: yo he escrito esta novela. —Se la señalo.

—No veo qué pone, es que no llevo las gafas.

—Es igual; se titula Dormir con Winona Ryder.

—Joder.

—No, sólo dormir. El caso es que dentro de dos semanas me voy a San Francisco a verla; ¿qué me recomiendas para encontrarla?

—Uh, Winona, no sé; yo es que no la veo desde que hicimos La casa de los espíritus...

Winona y Banderas en La casa de los espíritus. Como para olvidarlo.


Y entonces hablamos de la agencia de ella —la William Morris en Los Angeles— y de su propia experiencia con ellos en los 90, y de lo difícil que es contactar con celebridades de ese calibre, y de cómo la agencia tiene la responsabilidad de hacer llegar a los representados cualquier cosa "seria" que se les envíe, etcétera. Todo esto, en unos dos minutos, hasta que me lo quitan. Es igual, ya he tenido bastante. No puedo impostar autoconfianza por mucho tiempo; necesito un descanso. Me sirvo la tercera Coca-cola de la noche (las pierdo todas antes de terminarlas). Más tarde, vuelvo a infiltrarme en el círculo, ya por vicio, y oigo a Banderas hablando de fútbol. Es simpático. Laporta me parece un poco truño.

Volvemos al partido, pero ya me aburre un poco. Me entretengo mirando a Guardiola: en persona mola aún más que en la tele. Tiene una estampa a lo gothic yuppie, con las manos en el bolsillo y esa silueta de Lupin en la serie de dibujos, como si en vez de mirar el partido estuviera asomado a un acantilado de Finisterre, que me cautiva. El vuelo de la americana al viento es un +6 de carisma. El míster rival no tiene nada que hacer. Acabamos 4-0.

De nuevo en la sala VIP. Esta vez hay que esquivar las cámaras de los reporteros que entrevistan a los presidentes. Pero vale la pena, porque hay pinchos de fruta y brownie de chocolate. Y la sala se va vaciando. No vuelvo a ver a Banderas. Me habría gustado despedirme, pero da igual. Dos escritores hablan de ir a una fiesta que organizan por Sant Jordi en Luz de Gas. No, gracias. Ya he estado allí. Salgo al palco una vez más y me asomo a la grada inferior: los panfletos del ILC, con nuestras biografías y fotos, alfombran el suelo de amarillo bajo los focos del estadio. Esto es Sant Jordi. Que me quiten lo bailao. Me foto tres cachos de brownie de camino a la salida y voy a por el metro.

21/04/09 . 

Sant Jordi y tal

Pese a que me hallo en un bache creativo profundo, no quería dejar pasar el 23 de Abril sin mostrar algo. Por eso he decidido estrenar esta semana la colección Cuentos no lo bastante buenos.

La idea es publicar aquí, en la web, en PDF, algunas piezas que veo difícil distribuir de otro modo, porque no creo que se editen nunca, o porque ya tuvieron una publicación limitada y por rollos contractuales no pueden ir más allá. Se me ocurren varias piezas que podrían entrar en esta colección; pero de momento he editado dos.

Se trata, pues, de dos fanzines en PDF, cada uno de los cuales contiene un cuento. Los podéis leer online o imprimirlos. Están diseñados para una impresión en libro plegado tamaño A5, de tal modo que os harán juego con las ediciones en papel de Los miserables, El inversor de Andersen o Punk Show. Quedan muy chulis; probadlo en casa (he descubierto que muchas impresoras traen esa función, escondida entre las opciones).


Tres bebés
(Descarga aquí)

Abril Març
(Descarga aquí)


Tres bebés es el original castellano del cuento cuya traducción en catalán (lengua que no le pega) se publicó recientemente. Me interesaba que pudiérais leerlo en su idioma nativo. Lo escribí en 2006, va de punkis y matones y es rollo película basada en texto de Philip K. Dick. 36 páginas.

Abril Març lo escribí en marzo de 2007 expresamente para un concurso en Vilafranca; obtuvo una mención, se publicó en una revista local y ahí se quedó. Es tan cursi que no creo que me atreva a incorporarlo en ningún recopilatorio, pero sólo tiene 16 páginas y aún no me arrepiento mucho.

Tenía intención de comentarlos más extensamente, pero no me apetece. Si eso, me preguntáis.

Gracias por vuestra atención. ¡Mañana voy a ver el Barça! :D